Permitidme que comience con una clase de historia:

Allá por el ya casi retro año de 1997, una empresa llamada Macromedia adoptó a una pequeña startup llamada FutureSplash y cambió su nombre a FLASH, convirtiéndolos en el estándar del vídeo web. ¿Os suena?

Pero no fue hasta 2005 que Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim crearon una página web que permitía a los usuarios subir, compartir y ver videos. Había nacido YouTube. Tan solo un año después, en junio del 2006 surgía la primera videoblogger: Lonelygirl 15, dedicada a contarle a su audiencia su día a día como adolescente.

En 2008 y 2009 aparecieron plataformas televisivas digitales como Hulu y Netflix, las cuales se han hecho con millones de suscriptores/clientes.

comunicaciónAdemás, los móviles al uso dieron paso a los smartphones que se han convertido en la herramienta perfecta para ver y grabar vídeo, siempre a mano y siempre lista para subirlos a la red.

Algo está cambiando: Los dispositivos móviles graban en Full HD y hasta en Ultra Alta Definición (4K), las empresas tradicionales de intercambio físico de video (como la gigante Blockbuster) desaparecen, los precios se abaratan… y los vídeos son cada vez más fáciles de producir, de obtener, se viralizan con millones de visionados… el crecimiento del vídeo online es imparable.

Aún así, ¿dudáis del poder de comunicación de un vídeo?

El vídeo está por todas partes, pero la historia siempre se repite y la innovación alcanza muchas veces antes a la sociedad y requiere de una masa crítica de usuarios para ser considerada por las compañías.

Entonces: ¿Por qué son estas organizaciones tan escépticas? ¿Por qué tardan tanto en aplicar este tipo de innovaciones comunicativas? La respuesta es EL RIESGO.

De hecho, LOS riesgos: El riesgo social y el financiero.

¿Qué les preocupa?

Echad un vistazo a las cifras:

A día de hoy,

  • 200.000 millones de vídeos se suben a la red al mes
  • 4.000 millones de horas de video se ven cada mes (450.000 años de video en un mes)
  • 25% de los vídeos se ven en los móviles a nivel global
  • Según CISCO: A una persona, en 2018, le llevará unos 5 millones de años el poder ver todos los vídeos que cruzarán las redes globales. Cada segundo se estarán reproduciendo casi un millón de minutos de contenido en vídeo.

Viendo esto, está claro, el riesgo social está dejando de ser un problema. Es por ello que las empresas comienzan a confiar en las redes sociales (Facebook, Twitter, YouTube…). Están empezando a descubrir que el vídeo online es posiblemente el futuro de su estrategia de marketing de contenidos.

Aún así, la mayoría de las grandes organizaciones se encuentran aún en un estadio muy primitivo porque todavía piensan en términos de “broadcasting” es decir de medios de comunicación de masas, punto a masa. Las compañías no han aprendido aún de los usuarios de a pie. Desconocen el auténtico poder del vídeo social.

Pero además es que a día de hoy, ni siquiera el riesgo financiero es un problema. De hecho, los costes de producción se han reducido dramáticamente gracias a los avances tecnológicos en el campo multimedia y audiovisual.

Ya es hora de que las empresas entiendan el valor de la comunicación audiovisual:

  • Aplicaciones móviles de formación con vídeos interactivos, tests, métricas y opciones de trazabilidad ideales para la formación de empleados. Perfecto para Recursos Humanos.
  • GIFs animados, cinemagraphs, creatividades en 360º o microvídeos que emplean el storytelling para contar breves historias que fidelizan y refuerzan la marca en las mentes y corazones de los clientes. El sueño de los departamentos de marketing.

El vídeo online ha llegado para quedarse. Está ahí para aprovechar sus ventajas.

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